Jesús Martínez (1942)

Gráfica

 

 

 

Nació en el seno de una familia de maestros rurales en 1942, en Los Sauces, ranchería cercana a León, por tal motivo su infancia se desarrolló en varios pueblos de la región del Bajío, Santa Ana del Conde, Colonias Nuevo México, Apaseo el Grande, Ex Hacienda de las Cuevas, La Palma, Silao y las ciudades de Guanajuato y Celaya. El contacto con la naturaleza, el campo y el paisaje dotaron su sensibilidad estética de imágenes. Los zurcos, huizaches y mezquites se traducirían más tarde en rítmicas y dinámicas líneas.

 

La figura del maestro rural a través del ejemplo de sus padres, en un contexto donde este era una de las autoridades más importantes para dirimir asuntos legales o políticos, fue sin duda lo que influyó para tener una actitud congruente y sensible ante los sucesos trascendentales tanto en su vida estudiantil como en la académica.

 

Desde la fundación de la Academia de San Carlos, el taller de huecograbado se ha distinguido por ser un espacio donde la enseñanza se ha heredado de maestro a alumno, ello ha dotado al mismo de una mística de la docencia, en la que cada maestro se sabe heredero de un preciado legado teórico técnico que le confiere una responsabilidad especial.

 

Jesús Martínez fue alumno del maestro Francisco Moreno Capdevila, y se convirtió con el tiempo en sucesor de su cátedra. Así, lo que le enseñó ese gran artista, él lo recibió con gran aprecio y a su vez lo ha retribuido a varias generaciones de jóvenes, algunos de los cuales ya forman parte de los maestros de la Escuela Nacional de Artes Plásticas.

 

En 1967 la inquietud de Jesús Martínez, junto con otros artistas, era la de inyectarle al grabado el valor expresivo propio de este lenguaje artístico. El objetivo consistía en revalorarlo y apreciarlo por sus cualidades plásticas inherentes, debido a lo cual decidieron formar un grupo al que nombraron “Nuevos Grabadores”, con la finalidad de cambiar el discurso agotado en el que había devenido, que encasilló a la gráfica en un medio sólo la ilustrar ideas. Esta actitud de renovación es lo que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera artística y académica.

 

Con una conciencia política, participó en el movimiento de 1968 en defensa de imposiciones represivas y de la comunidad universitaria como mejor lo sabía hacer: con una producción gráfica emergente destinada a informar y a crear conciencia entre la sociedad en general. Ejemplo elocuente es su versión de la paloma de la paz, emblema de los juegos olímpicos, atravesada por una bayoneta, o las palomas en vuelo hacia delante con la “V” de la victoria, y que fue escogido para permanecer en la estela conmemorativa de la masacre estudiantil, que se encuentra en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

 

La obra del maestro Martínez es un ejemplo claro de cómo combinar el grabado tradicional en metal –técnica que trajeron los españoles en el siglo XVIII a la Real Academia de San Carlos y que sigue vigente hasta nuestros días– con las posibilidades que ofrecen los medios modernos de reproducción múltiple como la fotografía análoga, la fotomecánica y los procesos digitales. Es así como él ha logrado configurar un evento personal que lo caracteriza apoyado en la investigación y la experimentación de las artes antes mencionadas.

 

Como artista maneja el dibujo, la fotografía, la pintura y principalmente el grabado, donde destaca por la calidad de su técnica y por sus propuestas innovadoras aunque se trate de temas con el arte prehispánico o el paisaje, retomando las formas y reinventándolas de manera original, pero siempre reencontrándose con su identidad mexicana. Como muestra tenemos las exposiciones individuales Región de humo, en el Museo de Arte Moderno de Chapultepec en México D.F. en 1982, así como Agua Grabada, que se exhibió en el Palacio de Bellas Artes en 1987.

 

Es Miembro de Número de la Academia de Artes de México, y la relación con los arquitectos, músicos, pintores, coreógrafos, escenógrafos, escultores e historiadores del arte le han dado los elementos para que la formación de los alumnos sea integral. Ha sido merecedor del Premio estatal de Artes Diego Rivera, que otorga la LIX Legislatura del Congreso del Estado de Guanajuato en el año 2005 por su trayectoria artística y apoyo al desarrollo de a cultura en Guanajuato.

 

Ha ganado premios en concursos dentro y fuera de México y su obra forma parte de museos igualmente en el país y en el extranjero.

 

Tiene seis libros publicados acerca de la obra de diferentes artistas, uno de ellos, Historia del Grabado en México, del año 2006, en dos volúmenes, comprende desde los sellos o pintaderas prehispánicas hasta la etapa contemporánea, documento que señala su compromiso con la cultura y su conciencia de maestro que le instó a dejar publicados sus conocimientos de gran valía para futuras generaciones.

 

La obra artística, la investigación y la labor de enseñanza del maestro Jesús Martínez Álvarez, fortalece, sin duda, el espíritu Universitario, donde labora desde hace 41 años en la UNAM-ENAP, así como el de la comunidad artística de México.